Chiqui Tapia quedó en el centro de un regreso que ya no será completo: Lionel Messi no volvió con el resto de Argentina después de la final y salió de Nueva York rumbo a Miami con Rodrigo De Paul. El capitán planea tomar un vuelo privado a Argentina el martes, con una parada previa en Rosario para pasar unos días con su familia en Funes.
La salida separada parte el cierre del viaje en dos ritmos. Mientras algunos jugadores siguieron a Ezeiza, Messi quedó fuera de ese grupo y eligió una ruta propia antes de reincorporarse al país.
Miami antes de Argentina
Rodrigo De Paul también voló a Miami, donde tendrá unos días de descanso antes de volver a MLS. Ese desvío deja a Messi alineado con una agenda corta y precisa: primero Miami, después Argentina, sin pasar por el regreso colectivo de la delegación.
Inter Miami tiene su primer partido tras la pausa el miércoles ante Chicago Fire. Esa fecha pone marco al viaje de De Paul y ayuda a leer el movimiento de Messi como una decisión de calendario, no de celebración pública.
Ezeiza sin el grupo completo
En el avión de Nueva York a Ezeiza viajaron Dibu Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Lisandro Martínez, Cuti Romero, Lautaro Martínez, Nahuel Molina, Alexis Mac Allister, Leandro Paredes, Nicolás Tagliafico, Gonzalo Montiel, Giovani Lo Celso, Exequiel Palacios, Giuliano Simeone y Nicolás Otamendi. Gerónimo Rulli, Nicolás Paz, Marcos Senesi, Facundo Medina, Valentín Barco, Nicolás González, José Manuel López y Juan Musso no viajaron a Argentina.
La AFA ya había adelantado en su comunicado del Sunday night que “algunos futbolistas del plantel partirán directamente desde los Estados Unidos hacia distintos destinos para reincorporarse a sus clubes o iniciar su período de descanso”. Eso fue la pieza operativa que explicó la división del regreso: no todos los jugadores tenían la misma salida ni la misma agenda inmediata.
Tapia, Milei y el giro
El clima del regreso también cambió por fuera del plantel. Javier Milei anunció el Sunday night que iba a decretar un feriado nacional, pero el Gobierno dio marcha atrás el Monday. La secuencia dejó el recibimiento sin el marco oficial que se había anunciado al principio.
Lionel Scaloni ya había abierto otra línea de incertidumbre con una frase directa: “Siento la necesidad de pensar porque no sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto.” En ese contexto, el viaje separado de Messi no solo ordena su agenda personal; también marca que el cierre del ciclo Mundial 2026 no se vive como una sola llegada, sino como varias salidas distintas.
Para el hincha que esperaba ver a toda la delegación junta, el dato útil es simple: Messi no aparece en el retorno masivo y su itinerario sigue una ruta privada, con Rosario como destino final y martes como fecha de llegada. Es un cierre más práctico que ceremonial, y encaja con una Argentina que ya empezó a desarmar su propia celebración.







